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La población rural mexicana se caracteriza por su dispersión geográfica, agravada por la falta de comunicaciones y, en la mayoría de los casos, por su pobreza y marginalidad.
Servicios financieros adaptados a las condiciones y necesidades de las familias rurales (ahorro, crédito, medios de pago, cambios de cheques, seguros) pueden tener un gran impacto en términos de generación de oportunidades y reducción de su vulnerabilidad frente al riesgo económico.
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